Es posible que al manzano de Apolo se le atribuya otro rasgo de santidad. La variedad blanca del muérdago crece principalmente, no en los robles, sino en los manzanos, y esto ocurre de manera muy notable en Inglaterra, mientras que en la Bretaña el laurel se adhiere sobre todo a otro árbol de Apolo: el álamo. Bien puede ser que Apolo obtuviera parte de su poder sanador del muérdago que se cuelga de las ramas del manzano.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Luciano hace hablar a Solón sobre los premios que se otorgan en las competiciones atléticas: «En los Juegos de Olimpia, una corona de olivo silvestre; en los Juegos de Corinto, de pino; en Nemea, de apio; en Delfos, manzanas consagradas de Apolo»
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Parece probable, sin embargo, aunque no haya mucha certeza, que la diosa adoptara su nombre de una hierba curativa que se usaba con frecuencia en la Antigüedad, la artemisia, también conocida como Madre de las Hierbas y como Tutsan (tout saint) o Curativo. La artemisia ha sido olvidada por la moderna farmacopea. En el Herbario de Parkinson se dice que la artemisia o ajenjo poseía el poder de echar a los demonios; se empleaba en los ceremoniales del solsticio de verano en la Noche de San Juan para hacer fajines, y recibía el nombre de hierba de San Juan. El herborista Culpeper dice que la hierba, cocida a una temperatura elevada, se usaba para ayudar en los partos y extraer tumores. En pocas palabras, era en esencia un medicamento para mujeres, y a veces se le daba el nombre de parthenium. Otro herborista, Gerarde, toma de Plinio la aseveración de que la artemisia «cura adecuadamente las enfermedades femeninas». Se asegura de manera especialmente enfática que la artemisia crecía con gran profusión en el monte Taigeto, en la Arcadia, lugar donde Artemisa prefería cazar. Un manuscrito del siglo XI nos muestra a Artemisa proporcionándole artemisia al centauro Quirón, el antiguo médico que habitaba en el monte Pelión, en Tesalia. La reputación de la artemisia se extendió hasta la época actual. En el siglo pasado se contaba la historia de cierta chica de Galloway enferma de tisis, que estaba a punto de morir: todo el mundo había perdido la esperanza en su recuperación, pero entonces se escuchó a una sirena, que a menudo daba buenos consejos a la gente, cantando así:
¿Por qué dejáis que la muchacha se muera en vuestros brazos
cuando hay tanta artemisia creciendo en estos pagos[49]?
De inmediato recogieron la hierba, prepararon una infusión y la niña recuperó la salud.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Las mitologías más antiguas apenas diferencian entre las diosas como otorgadoras de dádivas y las dádivas que estas traen. Esas dádivas, dominio, sabiduría, amor, son lo que los griegos llamaban sêmeia, las prendas de las diosas que las llevan, y desde hacía mucho tiempo Hermes había conducido a las diosas, en diversas formas, ante los ojos de la humanidad. Se las puede considerar indiferenciadas , como sucedía con quienes concedían un bien, pero bastaba reflexionar un poco para ver que Charis podía estar en guerra con Charis, Gracia con Gracia, y que, si algo era elegido, lo demás tenía que ser rechazado.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Por eso en el panteón de Homero es Zeus, antes que nada, el que truena, el que congrega las nubes; «cuando relampaguea…, dispone un aguacero indescriptible o un pedrisco, o una nevada cuando la nieve salpica los labrantíos»[14]. Tenía por mensajero a Iris, el Arco de Siete Colores
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Citando al profesor Leuba, la unidad de la vida consciente no la conforman ni el pensamiento ni la voluntad ni la acción por separado, sino «las tres cosas en movimiento en pos de una acción».
Campbell, Mitologia Occidental
Arriba a la izquierda:
En la primera sección del árbol se puede reconocer a la diosa minoica, sentada en animada conversación con su compañera acostumbrada, mientras dos mariposas sobrevuelan su cabeza. Además, el significado simbólico de las mariposas está acentuado por la aparición sobre ellas de dos pequeños objetos que parecen tener cabezas, y con unas proyecciones como gan
chos a los lados, en las que podemos razonablemente reconocer las dos crisálidas correspondientes… Situadas como están aquí en conexión con su forma de crisálidas, es difícil explicarlas de otra manera que como una alusión a la resurrección del espíritu humano después de la muerte.
Además, difícilmente se puede dudar que se refieren a las dos jóvenes figuras que aparecen a su lado en el anillo, y deben ser entendidas como símbolos de su reanimación con vida nueva.
El joven, con largos cabellos minoicos, de pie detrás de la diosa, alza su antebrazo derecho, mientras que la doncella de falda corta que le mira, dando la espalda al tronco, muestra su sorpresa por el encuentro alzando las manos.
…Vemos aquí, reunidos por el poder de la diosa de dar la vida, y simbolizados por las crisálidas y mariposas, a una jo
ven pareja que la muerte había separado. Por cierto, el encuentro puede interpretarse, a la vista de la escena de iniciación ilustrada debajo, como la reunión permanente de una pareja casada en la Tierra de Los Bienaventurados.
Arriba a la derecha:
En la siguiente sección, a la derecha del tronco, el sagrado león de la diosa está tumbado sobre una especie de banco en una postura de reposo vigilante, atendido por dos figuras femeninas (aunque con ropa de hombre) en las que reconocemos las frecuentes representaciones de sus dos pequeñas doncellas. El león de la diosa, naturalmente, vigilaría y velaría sobre las esferas inferiores.
El carácter religioso de la escena está aún más intensificado por la rama… la «yedra sagrada» que brota del tronco. (… La planta, cuyos renuevos brotan del tronco del Ár
bol del Mundo para dar sombra al león, guardián de las esferas inferiores, debe identificarse con la misma «Yedra Sagrada» que trepa por las escarpadas rocas en el ciclo de los murales. Las hojas en forma de corazón, e incluso los capullos dobles de flores están claramente indicados… Es imposible no recordar la Rama Dorada, que, cuando Eneas la arrancó, le abrió el camino al Averno [Eneida VI. 136 y siguientes]. Pero siempre que se arrancaba una, otra rama de resplandeciente oro brotaba en su lugar…)
Abajo a izquierda y derecha:
La zona inferior a ambos lados del tronco, bajo las amplias ramas, expone una escena continua que parece representar el examen de iniciación de aquellos que entran en la Sala de los Justos, en el Tribunal del Grifo. En la sección de la izquierda, reaparece la joven pareja, moviéndo
se al ritmo de un baile, mientras una «dama grifo», a la derecha del tronco, los llama por señas y otra, en el extremo izquierdo, expulsa a un joven por ser un intruso profano. A la derecha del tronco, detrás de la primera, otras dos «damas grifo», vestidas con la falda corta habitual en la primera parte de la Nueva Época [alr. 1550 a.C.] y las manos elevadas en actitud de adoración, encabezan la procesión hacia la figura que preside el tribunal. Esta es un grifo alado de la variedad más benigna con plumas de pavo real, sentado en un taburete alto o trono, mientras que detrás hay otro personaje femenino, en quien podemos reconocer una repetición de la diosa misma. Una característica destacable del grifo —con cabeza de águila cuando se originó en suelo cretense— es su aguda mirada, que aquí lo capacita para su puesto como Gran Inquisi
dor. Debajo, sobre el montículo al pie del árbol, entre brotes que parecen de yerba, está tumbado un monstruo con aspecto de perro, el precursor de Cerbero, pero que también se puede comparar en sentido más amplio con el dragón —el terrible Nidhogger— al pie de Yggdrasil[25].
Campbell, Mitologia oriental
Finalmente, en una clasificación, por así decirlo, del funcionamiento del culto, el sintoísmo del Japón antiguo operaba en cuatro esferas: 1. la doméstica, centrando su gratitud en los kami del pozo, la verja, la familia, el jardín, etc., asimismo (citando a Langdon Warner) «los espíritus reconocidos pero no oficiales de la lumbre del fogón, la cazuela, el misterioso genio que preside el proceso de sazón en el pote del adobo y la levadura de la cerveza» [23], además, los padres, los antepasados (influencia confuciana) y, recíprocamente, la gratitud del padre al hijo; 2. el culto comunal, en agradecimiento a los fenómenos naturales del medio en que se vive y a los muertos que venera la comunidad, los ujigami (es decir, los kami del uji, el «linaje local»); 3. los cultos de los oficios, honrando con agradecimiento, en el mismo proceso de trabajo, los misterios y poderes de las herramientas, los materiales, etc. (Hay que recordar que las costureras celebran un réquiem por las agujas perdidas y rotas y que el fundador de la industria perlera japonesa, Kokichi Mikimoto [1858-1955], antes de su muerte celebró un réquiem por las ostras a cuyas vidas debía su fortuna.) Finalmente, 4. el culto nacional, en gratitud al emperador en su palacio, la Casa de la Reverencia, y a sus antepasados preservadores del mundo, el más grande de los cuales, el Gran Kami del Kojiki —nacido como la luz del universo del ojo izquierdo del Hombre Que Invita, tras su victoria sobre la impureza— en la tierra se refleja particularmente en el Gran Santuario de Ise, situado en la cumbre de una pendiente boscosa de grandes rocas y altas coníferas, al que el fiel asciende por una amplia escalera megalítica, como a un zigurat natural
Campbell, Mitologia oriental
«El Maestro dijo: “La mente se eleva con la poesía. El carácter se afirma con las normas de propiedad (rituales, ceremonias, normas de la conducta adecuada). El acabado lo da la música”»
Campbell, Mitologia oriental
El gesto del virtuoso T’ang de ofrecer su cuerpo en un bosque de moreras, expresamente para producir lluvia, relaciona la leyenda con las descripciones de Frazer en La rama dorada y el regicidio ritual para restablecer el mundo. (Compárese el sello del valle del Indo de la figura 17.) El bosque de moreras y el árbol hueco son equivalentes perfectos del bosque ritual romano en Nemi y su roble sagrado de Diana[49]. Y cuando al sacrificio simbólico (no consumado) de T’ang en el bosque de moreras se añade el nacimiento sin mancha de Yi Yin en una k’ung sang, tenemos todos los elementos de un mito de muerte y resurrección por un árbol sagrado.
