atravesar | un territorio | andar
abrir | un sendero
reconocer | un lugar
descubrir | vocaciones
atribuir | valores estéticos
comprender | valores simbólicos
inventar | una geografía | orientarse
asignar | toponímicos
bajar | por un barranco
subir | a una montaña
trazar | una forma
dibujar | un punto
hollar | una línea | perderse
habitar | un círculo
visitar | una piedra
explicar | una ciudad
recorrer | un mapa
percibir | sonidos
guiarse | por los olores | errabundear
observar | los espinos
escuchar | las cavidades
celebrar | los peligros
navegar | por un desierto
husmear | una floresta
acceder | a un continente | sumergirse
encontrar | un archipiélago
albergar | una aventura
medir | una descarga
captar | otros lugares
poblar | sensaciones
construir | relaciones | vagar
encontrar | objetos
recoger | frases
no recoger | cuerpos
espiar | personas
perseguir | animales
meterse | en un agujero | adentrarse
interaccionar | una malla
saltar | un muro
indagar | un recinto
dejarse | llevar por un instinto
abandonar | un andén
no dejar | huellas | ir hacia adelante
Campbell, Mitologia Creativa
Averroes clasificaba a las personas en tres categorías: 1. la clase apodíctica, que es capaz del razonamiento y la demostración estricta de acuerdo con las leyes aristotélicas de la lógica; 2. la clase polémica, a la que bastan las opiniones plausibles de las personas reflexivas; y 3. la clase retórica, que cree simplemente lo que le dicen y cuyas opiniones no resisten la crítica.
Campbell, Mitologia Creativa
De la misma forma que los dioses celtas se convirtieron en los duendes del folklore cristiano irlandés, los persas, egipcios, babilonios e indios se transformaron en los jinn de la religión musulmana popular»
Campbell, Mitologia Occidental
…estos volúmenes, con muchas indicaciones, además, de las maneras en que pueden ser utilizados por personas razonables para fines razonables, o por insensatos para la necedad y el desastre. Pues como dice James Joyce en Finnegans Wake: «Tan improbables como son todos estos hechos, resultan tan probables como aquellos que pueden haber sucedido o como cualesquiera otros que nunca nadie pensó que pudieran ocurrir
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Es posible que al manzano de Apolo se le atribuya otro rasgo de santidad. La variedad blanca del muérdago crece principalmente, no en los robles, sino en los manzanos, y esto ocurre de manera muy notable en Inglaterra, mientras que en la Bretaña el laurel se adhiere sobre todo a otro árbol de Apolo: el álamo. Bien puede ser que Apolo obtuviera parte de su poder sanador del muérdago que se cuelga de las ramas del manzano.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Luciano hace hablar a Solón sobre los premios que se otorgan en las competiciones atléticas: «En los Juegos de Olimpia, una corona de olivo silvestre; en los Juegos de Corinto, de pino; en Nemea, de apio; en Delfos, manzanas consagradas de Apolo»
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Parece probable, sin embargo, aunque no haya mucha certeza, que la diosa adoptara su nombre de una hierba curativa que se usaba con frecuencia en la Antigüedad, la artemisia, también conocida como Madre de las Hierbas y como Tutsan (tout saint) o Curativo. La artemisia ha sido olvidada por la moderna farmacopea. En el Herbario de Parkinson se dice que la artemisia o ajenjo poseía el poder de echar a los demonios; se empleaba en los ceremoniales del solsticio de verano en la Noche de San Juan para hacer fajines, y recibía el nombre de hierba de San Juan. El herborista Culpeper dice que la hierba, cocida a una temperatura elevada, se usaba para ayudar en los partos y extraer tumores. En pocas palabras, era en esencia un medicamento para mujeres, y a veces se le daba el nombre de parthenium. Otro herborista, Gerarde, toma de Plinio la aseveración de que la artemisia «cura adecuadamente las enfermedades femeninas». Se asegura de manera especialmente enfática que la artemisia crecía con gran profusión en el monte Taigeto, en la Arcadia, lugar donde Artemisa prefería cazar. Un manuscrito del siglo XI nos muestra a Artemisa proporcionándole artemisia al centauro Quirón, el antiguo médico que habitaba en el monte Pelión, en Tesalia. La reputación de la artemisia se extendió hasta la época actual. En el siglo pasado se contaba la historia de cierta chica de Galloway enferma de tisis, que estaba a punto de morir: todo el mundo había perdido la esperanza en su recuperación, pero entonces se escuchó a una sirena, que a menudo daba buenos consejos a la gente, cantando así:
¿Por qué dejáis que la muchacha se muera en vuestros brazos
cuando hay tanta artemisia creciendo en estos pagos[49]?
De inmediato recogieron la hierba, prepararon una infusión y la niña recuperó la salud.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Las mitologías más antiguas apenas diferencian entre las diosas como otorgadoras de dádivas y las dádivas que estas traen. Esas dádivas, dominio, sabiduría, amor, son lo que los griegos llamaban sêmeia, las prendas de las diosas que las llevan, y desde hacía mucho tiempo Hermes había conducido a las diosas, en diversas formas, ante los ojos de la humanidad. Se las puede considerar indiferenciadas , como sucedía con quienes concedían un bien, pero bastaba reflexionar un poco para ver que Charis podía estar en guerra con Charis, Gracia con Gracia, y que, si algo era elegido, lo demás tenía que ser rechazado.
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Por eso en el panteón de Homero es Zeus, antes que nada, el que truena, el que congrega las nubes; «cuando relampaguea…, dispone un aguacero indescriptible o un pedrisco, o una nevada cuando la nieve salpica los labrantíos»[14]. Tenía por mensajero a Iris, el Arco de Siete Colores
Jane Ellen Harrison, La piel bajo el marmol
Citando al profesor Leuba, la unidad de la vida consciente no la conforman ni el pensamiento ni la voluntad ni la acción por separado, sino «las tres cosas en movimiento en pos de una acción».
