Campbell, Mitologia Occidental

Arriba a la izquierda:
En la primera sección del árbol se puede reconocer a la diosa minoica, sentada en animada conversación con su compañera acostumbrada, mientras dos mariposas sobrevuelan su cabeza. Además, el significado simbólico de las mariposas está acentuado por la aparición sobre ellas de dos pequeños objetos que parecen tener cabezas, y con unas proyecciones como gan

chos a los lados, en las que podemos razonablemente reconocer las dos crisálidas correspondientes… Situadas como están aquí en conexión con su forma de crisálidas, es difícil explicarlas de otra manera que como una alusión a la resurrección del espíritu humano después de la muerte.
Además, difícilmente se puede dudar que se refieren a las dos jóvenes figuras que aparecen a su lado en el anillo, y deben ser entendidas como símbolos de su reanimación con vida nueva.
El joven, con largos cabellos minoicos, de pie detrás de la diosa, alza su antebrazo derecho, mientras que la doncella de falda corta que le mira, dando la espalda al tronco, muestra su sorpresa por el encuentro alzando las manos.
…Vemos aquí, reunidos por el poder de la diosa de dar la vida, y simbolizados por las crisálidas y mariposas, a una jo

ven pareja que la muerte había separado. Por cierto, el encuentro puede interpretarse, a la vista de la escena de iniciación ilustrada debajo, como la reunión permanente de una pareja casada en la Tierra de Los Bienaventurados.
Arriba a la derecha:
En la siguiente sección, a la derecha del tronco, el sagrado león de la diosa está tumbado sobre una especie de banco en una postura de reposo vigilante, atendido por dos figuras femeninas (aunque con ropa de hombre) en las que reconocemos las frecuentes representaciones de sus dos pequeñas doncellas. El león de la diosa, naturalmente, vigilaría y velaría sobre las esferas inferiores.
El carácter religioso de la escena está aún más intensificado por la rama… la «yedra sagrada» que brota del tronco. (… La planta, cuyos renuevos brotan del tronco del Ár

bol del Mundo para dar sombra al león, guardián de las esferas inferiores, debe identificarse con la misma «Yedra Sagrada» que trepa por las escarpadas rocas en el ciclo de los murales. Las hojas en forma de corazón, e incluso los capullos dobles de flores están claramente indicados… Es imposible no recordar la Rama Dorada, que, cuando Eneas la arrancó, le abrió el camino al Averno [Eneida VI. 136 y siguientes]. Pero siempre que se arrancaba una, otra rama de resplandeciente oro brotaba en su lugar…)
Abajo a izquierda y derecha:
La zona inferior a ambos lados del tronco, bajo las amplias ramas, expone una escena continua que parece representar el examen de iniciación de aquellos que entran en la Sala de los Justos, en el Tribunal del Grifo. En la sección de la izquierda, reaparece la joven pareja, moviéndo

se al ritmo de un baile, mientras una «dama grifo», a la derecha del tronco, los llama por señas y otra, en el extremo izquierdo, expulsa a un joven por ser un intruso profano. A la derecha del tronco, detrás de la primera, otras dos «damas grifo», vestidas con la falda corta habitual en la primera parte de la Nueva Época [alr. 1550 a.C.] y las manos elevadas en actitud de adoración, encabezan la procesión hacia la figura que preside el tribunal. Esta es un grifo alado de la variedad más benigna con plumas de pavo real, sentado en un taburete alto o trono, mientras que detrás hay otro personaje femenino, en quien podemos reconocer una repetición de la diosa misma. Una característica destacable del grifo —con cabeza de águila cuando se originó en suelo cretense— es su aguda mirada, que aquí lo capacita para su puesto como Gran Inquisi

dor. Debajo, sobre el montículo al pie del árbol, entre brotes que parecen de yerba, está tumbado un monstruo con aspecto de perro, el precursor de Cerbero, pero que también se puede comparar en sentido más amplio con el dragón —el terrible Nidhogger— al pie de Yggdrasil[25].

Campbell, Mitologia oriental

Finalmente, en una clasificación, por así decirlo, del funcionamiento del culto, el sintoísmo del Japón antiguo operaba en cuatro esferas: 1. la doméstica, centrando su gratitud en los kami del pozo, la verja, la familia, el jardín, etc., asimismo (citando a Langdon Warner) «los espíritus reconocidos pero no oficiales de la lumbre del fogón, la cazuela, el misterioso genio que preside el proceso de sazón en el pote del adobo y la levadura de la cerveza» [23], además, los padres, los antepasados (influencia confuciana) y, recíprocamente, la gratitud del padre al hijo; 2. el culto comunal, en agradecimiento a los fenómenos naturales del medio en que se vive y a los muertos que venera la comunidad, los ujigami (es decir, los kami del uji, el «linaje local»); 3. los cultos de los oficios, honrando con agradecimiento, en el mismo proceso de trabajo, los misterios y poderes de las herramientas, los materiales, etc. (Hay que recordar que las costureras celebran un réquiem por las agujas perdidas y rotas y que el fundador de la industria perlera japonesa, Kokichi Mikimoto [1858-1955], antes de su muerte celebró un réquiem por las ostras a cuyas vidas debía su fortuna.) Finalmente, 4. el culto nacional, en gratitud al emperador en su palacio, la Casa de la Reverencia, y a sus antepasados preservadores del mundo, el más grande de los cuales, el Gran Kami del Kojiki —nacido como la luz del universo del ojo izquierdo del Hombre Que Invita, tras su victoria sobre la impureza— en la tierra se refleja particularmente en el Gran Santuario de Ise, situado en la cumbre de una pendiente boscosa de grandes rocas y altas coníferas, al que el fiel asciende por una amplia escalera megalítica, como a un zigurat natural

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«El Maestro dijo: “La mente se eleva con la poesía. El carácter se afirma con las normas de propiedad (rituales, ceremonias, normas de la conducta adecuada). El acabado lo da la música”»

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El gesto del virtuoso T’ang de ofrecer su cuerpo en un bosque de moreras, expresamente para producir lluvia, relaciona la leyenda con las descripciones de Frazer en La rama dorada y el regicidio ritual para restablecer el mundo. (Compárese el sello del valle del Indo de la figura 17.) El bosque de moreras y el árbol hueco son equivalentes perfectos del bosque ritual romano en Nemi y su roble sagrado de Diana[49]. Y cuando al sacrificio simbólico (no consumado) de T’ang en el bosque de moreras se añade el nacimiento sin mancha de Yi Yin en una k’ung sang, tenemos todos los elementos de un mito de muerte y resurrección por un árbol sagrado.

Campbell, Mitologia primitiva

Silam o Silam inua, «el habitante o alma (inua) del universo», nunca se ve, sólo se oye su voz. «Todo lo que sabemos es que tiene la voz amable como una mujer, una voz ‘tan agradable y amable que ni los niños tienen miedo’. Lo que dice es: sila ersinarsinivdluge ‘no tengas miedo del universo’

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Así pues, no es extraño que arqueólogos extraordinariamente bien cualificados simulen que no pueden imaginar qué servicios podían haber prestado las numerosas estatuillas femeninas a las casas para las que fueron diseñadas.

Campbell, Mitología Primitiva

Nuestro acercamiento será, en tanto y cuanto sea posible, escéptico, histórico y descriptivo; y donde nos falle la historia y aparezca alguna otra cosa, como en un espejo, oscuramente, indicaremos las conjeturas meditadas de las máximas autoridades en la materia y dejaremos el resto en silencio, reconociendo que en ese silencio pueden estar durmiendo no sólo el grito de la jungla del Driopiteco, sino también una melodía supernormal, que quizá no se ha de oír en otro millón de años

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el concepto de las señales estímulo como liberadoras de energía y directoras de la imagen clarifica la diferencia entre la metáfora literaria, que va dirigida al intelecto, y la mitología, que va dirigida ante todo a los mecanismos excitatorios centrales (MsEC) y a los mecanismos innatos de liberación (MsIL) de toda la persona. Según este punto de vista, una mitología operativa se puede definir como un corpus de señales estímulo sostenidas culturalmente, que fomentan el desarrollo y la activación de un tipo específico, o constelación de tipos, de vida humana.